Noticas DestacadasSocios ComercialesSiglo XXI: El Siglo de la Mujer

Por Betsy Martínez, Presidenta de la ALIANZA INTERNACIONAL DE MUJERES EMPODERADAS. ¿Cuál es la realidad con ese “Techo de Cristal”? Las reglas cambian y la historia también, nos enfrentamos ante una apoteósica oportunidad de redefinir el siglo, el papel de la mujer en la sociedad y su influencia activa en la generación de valor. Es neurálgico conocer y desarrollar nuevas habilidades en nuestro desempeño, su carencia suponen un freno en el acceso a los puestos de...
Yajaira Chung8 años ago111511 min

image009Por Betsy Martínez, Presidenta de la ALIANZA INTERNACIONAL DE MUJERES EMPODERADAS. ¿Cuál es la realidad con ese “Techo de Cristal”?

Las reglas cambian y la historia también, nos enfrentamos ante una apoteósica oportunidad de redefinir el siglo, el papel de la mujer en la sociedad y su influencia activa en la generación de valor.

Es neurálgico conocer y desarrollar nuevas habilidades en nuestro desempeño, su carencia suponen un freno en el acceso a los puestos de dirección y crecimiento. No obstante, ese freno es a veces difícil superar, es invisible e imperceptible su presencia y la mayoría de veces impide el avance de la carrera profesional de una mujer. Su carácter de invisibilidad viene dado por el hecho de que no existen leyes, ni dispositivos sociales establecidos, ni códigos visibles que le impongan a las mujeres de hoy, semejante limitación; sino que está construido sobre la base de otros rasgos que por su invisibilidad son difíciles de detectar – pero, ¿existe realmente este techo o no? –

Me refiero al techo de cristal: el balance y la compatibilidad de vida personal y profesional, donde por cierto, la cultura organizacional del mundo productivo está conformada en los dos pilares que sustentan ese techo de cristal: la vida personal y vida profesional de una persona.

Lo que sí podemos evidenciar es que las estadísticas demuestran que existe y aunque el término “suelo pegajoso” – donde la mujer profesional libra sus propios paradigmas – es enigmático e indetectable, el resultado es cuantificable y real: la bajísima existencia de mujeres en los vértices jerárquicos de las organizaciones.

Causa principal: La Cultura Organizacional

El mundo empresarial en general tiene una cultura propia construida por valores y reglas masculinos, que son los únicos existentes a través de la historia y que siguen imperando porque en las cúpulas de dirección hay un altísimo porcentaje de hombres dirigiendo a cada vez un número más grande de mujeres, sin que este aumento en la base se traduzca proporcionalmente en la cúspide.

Reglas masculinas que imperan dentro de la Cultura:

  • Jornadas laborales interminables
  • Disponibilidad full time
  • Jerarquía vertical
  • Interconexión vida personal y laboral
  • Reuniones de trabajo durante comidas o cenas, en las que se tratan asuntos no laborales
  • Relaciones sociales excesivas como forma de crear relaciones laborales
  • Ejercicio del poder
  • Los temas de conversación
  • Énfasis en la cantidad y no en la cualidad o calidad

Al parecer, a la mujer se le hace difícil funcionar con la mayoría de esas reglas, por lo que deberá asumir la consecuencia de no ser una candidata tan fácilmente elegible para ciertos puestos de nivel. Las opciones parecen estar claras, te adaptas a las reglas, es decir, te conviertes en “masculino” o tienes altas probabilidades de quedar fuera del círculo de oportunidad.

Indudablemente tenemos otras posibilidades y es actuar según nuestra propia identidad. Es actuar contundentemente con ese estilo propio enmarcado con seguridad y confianza en lo que se es, sin la necesidad de imitar al hombre y sus reglas. Es extraer esas facultades femeninas y aceptar el riesgo que supone hacerlo. Los tiempos cambian y nosotras también debemos hacerlo. La nueva propuesta de este siglo es revelar un estilo de liderazgo diferente en la manera de pensar, sentir y actuar, que incluye favorablemente:

  • Énfasis en las personas y los procesos
  • Liderazgo como responsabilidad de todos
  • Constitución de estructuras menos burocratizadas, priorizando las relaciones sociales y el sentido de comunidad
  • «Dejar hacer» potenciando el conocimiento e ideas
  • Participación y diálogo como procesos educativos
  • Clara preferencia por los enfoques cooperativos y consultivos
  • Estilo colaborativo, compartido y no competitivo
  • Énfasis en los procesos democráticos
  • Desarrollo de políticas del cuidado y apoyo mutuo

Estrategias para el cambio

En mi opinión, la mujer debe desplegar 3 estrategias urgentes, no sólo para el acceso a puestos directivos; sino para su visibilidad, su puesta en valor y lo que es más importante, un cambio cultural que lleve a los hombres y mujeres a apreciar que el éxito de una empresa, una familia y un mundo mejor, reside en las diferencias y no en las similitudes.

  • Creación de redes networking: Se promueve la participación pública de la mujer en su condición de empresaria, profesional, directiva, así como el contacto entre las socias para crear negocios, colaboraciones y aprendizajes.
  • Aliarse a Mentoras y Programas de Mentorado: Los modelos, el apoyo, la guía, los programas de mentorado son sin duda una de las mejores armas para reforzar la posición de la mujer en el mundo de los negocios y la alta dirección. Saber como moverte en un mundo de hombres no es tarea fácil y si puedes contar con la experiencia de una igual que ya ha pasado por ello, seguro que el éxito es más fácil y el camino mucho menos espinoso.
  • Liderazgo transformacional: Orientado a la persona y a la inspiración de más mujeres, incide en la motivación, fomenta la participación de los miembros del grupo elevando su autoestima, la sensación de pertenencia.
  • Proyectar una virtud romana ya olvidada: Gravitas!. Es el peso que muestra una mujer y que la hace creíble, tan solo con su actuar, caminar, hablar y buen manejo de su imagen.

El cambio y el acceso al poder que propone este siglo, relacionado a la influencia y no a la autoridad, la mujer debe liderar un cambio en la forma de hacer, introduciendo valores, poniendo en valía sus capacidades para ir transformando la cultura empresarial, y eso no necesariamente se consigue sólo desde la cúpula.

En otras palabras, quiero compartir una frase que marcó mi vida y mis decisiones a partir del día en que la leí; la frase es de Henry David Thoreau: “El asunto en la vida no es encontrarse a uno mismo, es CREARSE a uno mismo”.

Yajaira Chung

Periodista, MBA. Directora de Grandes Empresas y Revista EKA

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